
Estimados profesores y profesoras del Colegio San Francisco (Tartagal):
Hoy quisiera detenerme un momento para agradecerles
por la vocación de enseñar, por el tiempo y esfuerzo puesto en esta maravillosa tarea de educar con amor y aprender con verdad como rezaba una tarjeta que recibí ayer junto a un regalo especial por el día del maestro. Este año, al celebrar los 800 años del Tránsito de nuestro hermano Francisco de Asís, resuena con mucha fuerza el lema anual que nos propusimos como Provincia San Francisco Solano:
”Con Francisco caminamos del don recibido a la vida entregada.”
Francisco comprendió que la vida no era una posesión para guardar, sino un don para compartir. Recibió una vida, una llamada que lo hizo encarnar el Evangelio de tal modo que irradió una energía renovada en la vida cristiana y en la Iglesia de su tiempo. Se fue a los “márgenes de Asís” y allí pasó de encontrar leprosos a abrazar hermanos, recibió la creación y la hizo cántico.
También nosotros hemos recibido un don.
* El don de la vida y la vocación de educar.
* el don de la espiritualidad franciscana.
* El don de acompañar.
* El don de mirar a un niño o joven y descubrir en él algo que quizás todavía no puede ver de sí mismo.
* El don de poder dejar una palabra, un gesto, una pregunta o una enseñanza que tal vez algún día vuelva a aparecer en la vida de ese estudiante.
En la vocación de educadores nos encontramos
• con realidades muy complejas
* Con estudiantes diversos en busca de sentido
* con trayectorias pedagógicas heterogéneas.
* Con dificultades que no estaban en ninguna planificación.
* Con días en los que tienen fuerzas y otros en los que llegan cansados.
Y, sin embargo, continúan
Algunos vienen de lejos, otros corren de una escuela a otra, diramos ahora como coches de app, entrando y saliendo de aulas, con horarios imposibles y poco tiempo para detenerse. Pero aun así, ponen ganas. Y eso también es entrega. Porque entregar la vida no siempre significa hacer grandes cosas. A veces significa simplemente:
* Estar cuando un alumno necesita ser escuchado.
* Estar cuando una clase no sale como esperábamos.
* Estar cuando tenemos que volver a explicar.
* Estar cuando sienten que el esfuerzo no es reconocido.
Francisco nos recuerda que la grandeza está muchas veces en lo pequeño, en lo cotidiano, en aquello que hacemos con amor.
Por eso, en este Día del Profesor, quisiera decirles:
* Gracias por el don que recibieron y por la vida que siguen entregando.
* Gracias por cada vez que eligieron la paciencia.
* Gracias por cada estudiante al que volvieron a darle una oportunidad.
* Gracias por cada palabra que alentó.
* Gracias por cada límite puesto con amor.
* Gracias por cada vez que, aun cansados, volvieron a entrar al aula con actitud proactiva.
Desro que podamos seguir haciendo de nuestra CEF lugar donde “habite” el cuidado y la protección donde se aprenda a vivir mejor a encontrarse, a respetarse, a servir y a descubrir que la vida de cada persona es un don precioso de Dios.
Porque, en definitiva, quizás eso sea educar:
recibir un don y convertirlo en entrega.
Que cada uno pueda decir al final de cada jornada:
“Hoy dejé algo de mí para que otro pudiera crecer.”
Que el Señor bendiga nuestra vocación, que Francisco nos enseñe a vivirla con sencillez y aprendiendo a ser “menores” para que nuestra vida pueda ser siempre un don recibido que se transforma en vida entregada al servicio de los demás.
¡Saludos cordiales de Paz y Bien!
Leonardo RL






